Bolivia no respalda a Evo Morales

EL día domingo más de 6,5 millones de bolivianos estaban llamados a votar en el referendo para decidir una nueva reformar a la Constitución para permitir una nueva candidatura del presidente Evo Morales en 2019 en el cual el 54,3% de bolivianos votó No, frente al Sí que habría cosechado un apoyo del 45,6 %, según el escrutinio oficial del Tribunal Supremo Electoral, que muestra un avance del 80%.

El Gobierno boliviano interpretó el contenido de las encuestas como un “empate técnico” y pidió a la oposición que no celebrara una victoria anticipada y esperara a los resultados oficiales, en los que el oficialismo llegó a vaticinar una modificación drástica, el presidente Morales pidió esperar con serenidad los datos oficiales y reiteró que respetará el resultado.

Un resultado adverso obligaría a Evo Morales buscar consensos para terminar su mandato, y pensar en un sucesor, si se confirma la tendencia del voto, sería la primera derrota electoral directa de Evo Morales en sus 10 años en el poder, aunque en 2015 su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), perdió plazas clave en los comicios municipales.

El mandatario y su vicepresidente iniciaron su primera gestión en 2006, la segunda en 2010 y la tercera en 2015, aunque la Constitución permite solo dos mandatos consecutivos, Morales y García Linera pudieron presentarse a los comicios de 2014 gracias a un fallo del Tribunal Constitucional que avaló que su primer mandato (2006-2010) no cuenta porque el país fue refundado como Estado Plurinacional en 2009.

En cambio, la oposición no tienen dudas de que el «no» ha ganado. El jefe de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, publicó ayer en Twitter: «El pueblo probó que es el titular que otorga y quita el poder, recuperó la democracia e hizo respetar la CPE (Constitución Política del Estado)». Para el expresidente y líder del Partido Demócrata Cristiano (PDC), Jorge Quiroga, el apoyo al «no» fue más que una expresión de rechazo a la manipulación de la Carta Magna. Fue también un rechazo a la corrupción y al «despilfarro económico».