El discreto papel que debe jugar Estados Unidos en Venezuela

Conforme la crisis venezolana empeora, casi todos los países que respaldan a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela están de acuerdo con que la renuncia de Nicolás Maduro es el primer paso para cualquier tipo de negociación. Esta es una diferencia de los intentos diplomáticos anteriores para establecer un diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición. El llamado al diálogo de esta semana en Uruguay, a instancias de la Unión Europea, abre una nueva posibilidad para una resolución pacífica.

Esto significa que Guaidó y la Asamblea Nacional convocarían elecciones presidenciales tan pronto como sea posible, con presencia de observadores internacionales, con nuevas autoridades electorales y supervisadas por un gobierno neutral.

Entre los países de América Latina y Europa hay un consenso sobre el papel discreto que el gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, debería jugar en Venezuela, pese a que ya desempeñó un rol clave al orquestar buena parte de lo que ha ocurrido en las semanas recientes. Muchos latinoamericanos y europeos creen que no importa cuán discreta sea la participación de Estados Unidos porque sus motivos son cuestionables. Argumentan que si Trump está involucrado, nadie más debería estarlo. El escepticismo es comprensible si se toma en cuenta el historial intervencionista de Estados Unidos en América Latina, desde su actuación en Guatemala en la década de los cincuenta hasta su participación en Honduras a inicios de este siglo.

Si Maduro sale del poder, será porque miles de venezolanos han tomado las calles pese al riesgo a ser asesinados, a los militares que se han rehusado a dispararles, a los gobiernos de América Latina que durante el último año y medio han presionando para que esto pase y por los países de la Unión Europea que también quieren que Maduro no siga en la presidencia. Estados Unidos es un factor, pero no uno decisivo.

 

A.R.D.H